HISTORIAL DIRECTOR COMPONENTES CONTACTO XV ANIVERSARIO


Concierto XV Aniversario

El 6 de junio de de 2003 celebramos en la Iglesia de los Mártires de Málaga el XV aniversario de la Coral Cármina Nova. Esta página ofrece un resumen de dicho concierto, incluyendo el cartel original y obras interpretadas, las notas al programa y la grabación del concierto integramente en MP3.




Requiem
,
de Gabriel Fauré
Schicksalslied,
de Johannes Brahms
Salmos Chichester,
de L. Bernstein


Orquesta Filarmónica de Málaga
Coral Cármina Nova
Juan de Udaeta, director invitado
Javier Serrano, director
del coro

Lourdes Martín, soprano
Matías Merino, barítono
Carmen Ramírez, mezzosoprano
Alicia Molina, soprano
Ricardo Ocaña, tenor
Joaquín Gómez, niño solista


6 de junio de de 2003
Iglesia de los Mártires
Málaga, 21:30 horas
NOTAS AL PROGRAMA

Gabriel Fauré (1845-1924)
fue el compositor francés más avanzado de su generación y llegó a desarrollar un estilo personal que influyó considerablemente en numerosos compositores del siglo XX. Durante su infancia tocaba el harmonium en la capilla de su escuela hasta que su familia lo envió en 1854 a la escuela de música de Niedermeyer en París. Allí recibió una sólida formación en letras, órgano, contrapunto, fuga, canto llano, composición y tuvo como profesor de piano a uno de los músicos franceses más importantes del período, C. Saint-Säens. También conoció a otros ilustres músicos contemporáneos, como F. Liszt y viajó a Londres, Colonia y Munich, donde quedó fascinado con las interpretaciones de la obra de R. Wagner. En París G. Fauré obtuvo varios premios, entre los que destaca el que recibió por la composición de su célebre Cantique de Jean Racine (1865). Posteriormente fue organista de varias iglesias parisinas e inspector de conservatorios. Varios años más tarde sucedió a J. Massenet como profesor de composición en el conservatorio de París (entre sus pupilos destacaron M. Ravel y N. Boulanger) y en 1905 fue nombrado director del mismo e inició una serie de importantes reformas. Durante casi veinte años, G. Fauré fue además crítico musical de Le Figaro hasta que se retiró en 1920 a la edad de 75 años. Ese año recibió la gran cruz de la Legión de Honor, concedida de forma excepcional a un músico. Durante esa década sus obras comenzaban a ser aclamadas y fue muy admirado por los compositores franceses del llamado Grupo de los Seis.

Fauré fue un maestro de la canción francesa y escribió varios ciclos de canciones para solista y piano. También una considerable cantidad de música pianística, de cámara y música sacra, entre la que, sin duda, su Requiem es la obra más reconocida. El Requiem (op. 48) alcanzó rápidamente gran popularidad pero su éxito estuvo precedido por otras obras vocales, como sus motetes y particularmente su Messe basse para voces femeninas (1881). El Requiem no fue compuesto para una situación concreta y se gestó en aproximadamente veinte años (1877-1893), probablemente porque G. Fauré era muy crítico con sus composiciones. La versión del Requiem de 1888-1892 era para orquesta de cámara (sin violines y aerófonos de madera) y su versión orquestal definitiva se terminó en 1900.

La obra de Fauré se enmarca en el período final del Romanticismo y primeras décadas del S. XX cuando las innovaciones musicales fueron muy rápidas. Sus contemporáneos consideraban su música novedosa y revolucionaria. La sencillez de medios, el sobrio dominio de la polifonía, las expresivas disonancias y la flexibilidad y brevedad de las modulaciones son algunos de los rasgos más originales de su estilo. Su familiaridad con la música religiosa se ve reflejada en el frecuente carácter modal de su música y en los recitados silábicos sobre una misma nota repetida (p. ej. sobre el texto Requiem aeternam y Dies illa). Su concepto de tonalidad fue bastante amplio y las notas extrañas al acorde, las 7ª y 9ª y la alternancia entre el modo mayor / menor no eran percibidos como un cambio de tonalidad (p. ej. la sección II Ofertorio). En sus melodías son muy importantes las ideas de continuidad y variedad que muestran la gran inventiva de G. Fauré (p. ej. la extensa frase melódica de la sección VII In paradisum), combinadas con la voluntad de expresividad a través de los sutiles crescendos y diminuendos de intensidad (p. ej. en el Agnus Dei y en las tres repeticiones de la frase inicial del Ofertorio, que son además cada vez un tono más agudas).

Johannes Brahms (1833-1897) fue uno de los músicos más interesantes del Romanticismo en Alemania. Provenía de una familia de músicos y fue concertista de piano, director de orquesta y coro en su Hamburgo natal y además director de la Singakademie en Viena. A lo largo de su vida se relacionó con relevantes músicos como Franz Liszt, Robert y Clara Schumann y el violinista Joseph Joachim.

De su producción sobresalen sus cuatro sinfonías, su obra de cámara y para piano (su instrumento predilecto) y sobre todo sus obras vocales (p. ej. su Requiem alemán y sus más de doscientos cincuenta lieder basados en temas de canciones populares alemanas). J. Brahms destacó entre sus contemporáneos F. Mendelssohn y R. Schumann en la composición de obras corales, entre las que destacan la Rapsodia para contralto y coro masculino (1870), la canción de lamento Nänie sobre versos del poeta F. Schiller (1881), el Gesang der Parzen (Canto de las Parcas, 1883) para coro mixto a seis voces y el Schicksalslied (Canto del destino, 1868-1871) para coro mixto y orquesta sobre versos de F. Hölderlin. El texto, de inspiración mitológica, expone en tres estrofas el contraste entre la felicidad de los dioses y la atormentada existencia de los mortales. Este contraste se ve reflejado musicalmente en un cambio de tempo, compás, textura e intensidad y aparece enmarcado por un tema de carácter elegíaco a cargo de la orquesta. De esta obra cabe resaltar sus ricas armonías, las expresivas pausas y la construcción de las melodías sobre las notas del acorde tríada. J. Brahms fue un profundo conocedor de la música del pasado, no fue excesivamente innovador y se resistió a cultivar las tendencias extremas del Romanticismo. Sin embargo, su obra influyó profundamente en compositores posteriores, entre ellos el que referimos a continuación.

Leonard Bernstein (1918-1990) ha sido el compositor y director de orquesta americano más importante y famoso hasta el momento. Nació en Lawrence (Massachussets) en una familia de emigrantes rusos judíos. Se graduó en la Boston Latin School (1935), en la Universidad de Harvard (1939) estudio armonía, contrapunto y fuga con Walter Piston, célebre autor de un tratado sobre esta materia, y en el Curtis Institute of Music de Filadelfia (1941). Su debut no oficial como director tuvo lugar en las representaciones y conciertos llevados a cabo en la Universidad de Harvard donde también se interpretaron composiciones suyas. Fue director asistente de Serge Koussevitzki en el Berkshire Music Center de Tanglewood (1942) y de él asimiló un estilo apasionado de dirección y el gusto por la divulgación de la música. También fue asistente de la Filarmónica de Nueva York donde debutó en 1943 al sustituir por enfermedad al director Bruno Walter. Desde entonces L. Bernstein comenzó a hacerse popular y llegó a dirigir cerca de setenta orquestas profesionales de todo el mundo, entre las que destacan las Filarmónica y Sinfónica de Nueva York, la Sinfónica de Boston, la Filarmónica de Israel y la Filarmónica de Viena. De 1958 a 1969 fue director musical de la Filarmónica de Nueva York con la que realizó más de cuatrocientas grabaciones. Sus programas solían incluir música de sus compositores predilectos: J. Haydn, L. Beethoven, J. Brahms, R. Schumann, G. Mahler, P. Hindemith, D. Shostakovich, I. Stravinski, Ch. Ives y A. Copland.

Además, L. Bernstein mostró su vocación por la enseñanza a través de numerosos programas de conciertos didácticos que se retransmitieron por televisión durante las décadas 1950-70, que causaron gran impacto en la cultura americana y tuvo una especial inclinación por la música para la escena, componiendo varias obras que se representaron en Broadway, entre las que destaca la popular West Side Story (1957), cuya versión cinematográfica (1961) ganó diez Oscar.

A lo largo de su vida L. Bernstein recibió veintitrés títulos académicos honoríficos, trece condecoraciones de gobiernos extranjeros, trece premios Grammy, dieciséis discos de oro o platino, once premios Emmy, otros diez premios de televisión y cerca de cincuenta premios artísticos. Sus preocupaciones humanitarias, especialmente a favor de los derechos humanos y de la paz mundial, fueron manifestadas desde diversos foros (p. ej. sus conciertos en Hiroshima en los que se recordaba el cuarenta aniversario del lanzamiento de la primera bomba atómica o los conciertos organizados con motivo de la caída del muro de Berlín).

Bernstein decía con orgullo que su música era ecléctica y síntesis de sus experiencias musicales más significativas. Por ello en sus obras incorporó recursos musicales del jazz, ritmos latinoamericanos y el uso ocasional de procedimientos aleatorios siempre dentro del contexto de la música tonal. En su música utilizó de manera frecuente ritmos irregulares, compases de amalgama y cambio de acentuación rítmica con un uso frecuente de la síncopa. Sus melodías se basan en pequeños motivos o células enlazadas mediante la técnica de la variación melódica con ideas musicales que derivan unas de otras. Sus orquestaciones presentan un notable uso de los aerófonos de metal en los registros más agudos y una gran sección virtuosística de percusión. Además, como reflejo de su sólida formación literaria, se aprecia en sus obras una cuidada selección de los textos y destaca la presencia de la cultura y música judías como fuente de inspiración.

Los Chichester Psalms son un buen ejemplo de todos los rasgos y recursos musicales mencionados anteriormente. Esta obra fue compuesta entre 1964-65, en un período sabático que L. Bernstein se tomó de la orquesta Filarmónica de Nueva York. Durante ese tiempo comenzó varios proyectos de los cuales sólo consiguió completar los mencionados salmos. La obra surgió por encargo del deán de la Catedral de Chichester para los festivales corales que allí tenían lugar. L. Bernstein siguió la sugerencia del deán y dotó a sus salmos del estilo popular de West Side Story e incluso llegó a comentar que sus salmos tenían un dulzor algo pasado de moda. La obra se estructura en tres movimientos cada uno de los cuales contiene el texto en hebreo de un salmo más uno o varios versos de otro salmo que complementa su significado. En general, los Chichester Psalms se mueven dentro de los cánones tonales, a excepción del comienzo del primer y tercer movimiento que son más disonantes e incluyen algunas blue notes muy utilizadas en el jazz.

La melodía inicial del primer movimiento está básicamente construida sobre tres intervalos combinados por movimiento paralelo y contrario entre las voces. A continuación aparece otra melodía cuya sorprendente semejanza con el tema principal de la popular serie de dibujos animados Los Picapiedra está ampliamente reconocida. El carácter jocoso y pegadizo de las melodías de este movimiento contrasta con su complejidad rítmica debida la alternancia de compases binarios y ternarios. Destaca también la presencia de instrumentos típicos de la música latina en la sección de percusión, como los bongos.

El segundo movimiento se inicia con una melodía para voz de niño o contratenor acompañada por arpa que a pesar de moverse entre audaces saltos interválicos consigue reflejar la tranquilidad y sosiego del que hablan los versos del salmo 23. Este ambiente se ve interrumpido por la enérgica y feroz entrada de las voces graves sobre los versos del salmo 2 que hacen referencia al enfrentamiento de los pueblos contra Jehová para posteriormente recrear el clima anterior y concluir con el tema musical inicial.

El último movimiento se inicia con un preludio instrumental que se basa en motivos melódicos aparecidos en el primer y segundo movimiento. A continuación entran las voces graves del coro con una expresiva melodía con abundantes cromatismos que repiten las voces agudas y que se va amplificando a lo largo del movimiento que concluye en una sección coral lenta que refleja el reconfortante mensaje de paz de los últimos versos.

Rosa Isusi Fagoaga


PROGRAMA

Requiem, de Gabriel Fauré (1845-1924)
Introito et Kyrie
Ofertorio
Sanctus
Pie Jesu
Agnus Dei
Liberame
In Paradisum

Schicksalslied, de Johannes Bramhs (1833-1897)
Schicksalslied, op 54

Salmos Chichester, de Leonard Bernstein (1918-1990)
Salmo 108 (verso 2) y Salmo 100 (completo)
Salmo 23 (completo) y Salmo 2 (versos 1-4)
Salmo 131 (completo) y Salmo 133 (verso 1
)

Coral Cármina Nova, Málaga (España), 2007
info@coralcarminanova.com